domingo, 24 de julio de 2016

Esa cosa de los sentimientos


Bueno, si. Ya sé. Todos tenemos esos globitos llenos de químicos que dependiendo de cómo vayan explotando se mezclan para dar como resultado nuestros estados de ánimo. También sé que hay otro montón de explicaciones mucho más adecuadas. Pero si tiene globos, para mi está bien.

La cuestión es esta: el sistema que aplico para la gente es el que he leído tienen los perros. O sea, si no estás en su rango de visión o en algún punto donde te puedan encontrar caminando (digamos: fuera de la casa), para ellos es indiferente que estés a cien metros o a diez mil kilómetros. En otras palabras: el espacio entre uno y otro no es un factor. Eso de “siento la distancia”  nunca lo entendí del todo.

Tengo que agregar que los celos tampoco son un problema. Corrijo: a veces si bajo la frase: “¡Vos nunca me celás!”. Otra frase que nunca entendí del todo. Más que nada porque demostrar cariño a través de la propia inseguridad me parece contradictorio. Por suerte hará una buena década que no la escucho. 

Pero hete aquí el problema. A mayor distancia más difícil es ir a buscar a una persona en caso de Apocalipsis Zombie. Para esta nochecita van a haber poco más de mil setecientos cincuenta kilómetros de rutas argentinas. No. No se puede calcular una velocidad de 100km/h. Si bien, para la fase 1 (escapar de todo centro urbano, obviamente) es conveniente, la otra parte, la del viaje se complica. Son entre dos y tres días de viaje en auto. Recuerden: antes de salir de una ciudad para internarse en el más solitario bosque o montaña (este último es mejor por el tema del agua de deshielo) hay que aprovisionarse y conseguir transporte.


En fin. Eso me tiene preocupado.